Figura innovadora del rock en español desde los años 80 con el grupo Mar Otra Vez, hasta su infatigable e inventiva carrera solista, Javier Pérez Corcobado ha pasado por momentos sumamente difíciles a lo largo de su vida. Lo mismo ha caído –y recaído– en fuertes adicciones, que ha sido víctima de enfermedades y accidentes que podrían haber acabado con su estancia en el planeta, por no mencionar los intentos de suicidio. Indudable sobreviviente, se ha levantado de las cenizas en varias ocasiones, pues si bien ha entablado relaciones peligrosas –tanto amorosas como musicales–, también las ha tenido virtuosas. Esto le ha ayudado a cimentar una obra discográfica y literaria sumamente personal.Pérez Corcobado publicó recientemente La música prohibida (Liburuak), una suerte de novela biográfica, o biografía novelada, tan trepidante como su vida.En entrevista, el músico declara que, en 2020, cuando el mundo paró por la crisis mundial de covid, pensaba escribir una novela de ficción. Sin embargo, poco a poco advirtió que estaba hablando de su familia y de él mismo en una novela de ficción. “Cuando llevaba ciento y pico de páginas en primera persona decidí que la historia de mi vida me servía muy bien para contar una historia de ficción que al final ha quedado soterrada, pero sigue ahí. Se trata de una novela, me gusta recalcarlo, pero el 90 por ciento lo tomé de la realidad, lo robé de mi realidad”. Al leer el libro se viene a la mente un verso de una de tus canciones: “He vivido todos los dolores y placeres de esta vida”. ¿Cómo fue revivir tantos episodios de tu vida?Muy doloroso: fue una epifanía, fue catártico. También me sirvió para limpiarme de muchos males que yo llevaba dentro de mí. Sirvió como una especie de purificación y para pasar la página del pasado de mucho dolor, pero también he intentado que toda esa parte catastrófica tenga un aire divertido. Cuando escribía hechos reales, decía: “¡cómo he sobrevivido a tantas cosas! Qué suerte: gracias, gracias, gracias por poder escribirlo”. Los cambios geográficos y musicales han sido una constante en tu vida, ¿te aburres fácilmente? ¡No, no! Digamos que mi condición de vagabundo nació desde mi niñez, cuando me trasladaron de Fráncfort a España. He viajado mucho desde adolescente y la vida me ha ido llevando de un lugar a otro. Aburrirme para mí es detestable, porque es sinónimo de la depresión, de alguna manera, cuando ya es muy difícil sobrellevar una vida que uno considera aburrida. Entones hay elementos que te hacen cambiar para no aburrirte. Sin embargo, siempre he sido el mismo en un lugar o en otro. Afortunadamente, desde 2008 ya fijé mis raíces es un pueblecito de Vizcaya. Aquí tengo a mi amor para siempre y viajo a todas partes, sobre todo mucho a México, que es mi segunda casa. Y en esta segunda casa te asaltaron de manera violenta, como lo cuentas en el libro. Sí, pero eso sucede en cualquier parte del mundo. No me gusta la imagen que quieren dar de México como un país tan peligroso. Todos los países tienen su peligro y sus zonas peligrosas. En algunos países los guetos están en zonas más VIP. Conocí muchos de esos lugares como si hubiera hecho el viaje de Dante con Virgilio. En tu música también eres una suerte de vagabundo, abierto a muchas rutas. La vida del artista, la vida del creador implica abrir mucho la mente, observar mucho. Y cuanto más observas, más enriqueces tu facultad creadora, que no es la misma que la creativa. El artista, tanto si es músico, como si es escritor, ha de observar muchísimo la vida, vivirla intensamente. Quizás a mí me ha tocado ver más cosas, vivir más cosas para tener una posición, digamos sólida, desde la cual poder narrar y contar cosas, tanto en la música como en la poesía o la literatura. Con casi 40 años de carrera discográfica, ¿cómo sintetizas la importancia que ha tenido la música para ti?La música es la droga más potente que existe para mí. No podré dejarla nunca, aunque lo he intentado muchas veces. Las otras drogas, al lado de la música, son como una aspirina. El arte como utilidad públicaDe acuerdo con Javier Pérez Corcobado las canciones son de utilidad pública, como lo menciona en su libro, pues afirma que desde el momento que se publica un libro o un disco, o se expone un cuadro o una fotografía, la obra de arte es terminada por el público. “La obra pasa a ser del dominio público porque cada persona la interpreta a su manera. Hay personas que se pueden enamorar escuchando una canción tuya o les pueden suceder cosas inolvidables, y por eso la va a relacionar siempre con sus vidas. No nos olvidemos que una vez que las canciones son publicadas están en manos y en espíritu de las personas que las escuchan y tienen derecho a interpretarlas como quieran. Yo me he llevado verdaderas sorpresas, a veces positivas y a veces negativas, porque han interpretado mis canciones de una manera que para mí era incluso repugnante o detestable. Sin embargo, ha habido otras lecturas muy bonitas y también muy lejanas a la que yo tenía. Nosotros, como público, en el que yo me incluyo, terminamos las obras de arte.DAG