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Daniel Noboa contra las mafias: la guerra que prometió y no pudo ganar en Ecuador
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Daniel Noboa contra las mafias: la guerra que prometió y no pudo ganar en Ecuador

  • - 2025-02-23

La victoria del 9 de febrero tuvo el sabor amargo de la derrota paraDaniel Noboa, el joven presidente del Ecuador, candidato a su propia reelección tras cumplir un mandato de 18 meses marcado por la guerra contra las pandillas y los apagones eléctricos. Hasta bien entrada la tarde, su equipo de campaña estaba convencido de que podría ganar en primera vuelta, tal y como lo vaticinó una encuesta difundida apenas unos días antes del sufragio. Pero la remontada de la socialista Luisa González, a medida que se contabilizaban los votos de los departamentos situados en el litoral Pacífico, los más afectados por la violencia ligada al narcotráfico, tuvo el efecto de un balde de agua fría. Sólo la sierra se mantuvo fiel al presidente, mientras se dividía la Amazonía. Su partido, Acción Democrática Nacional (ADN), recaudó 44.1% de los votos, contra 43.9% de Revolución Ciudadana (RC). Un casi empate técnico que los especialistas atribuyen en buena medida al fracaso de la militarización de la seguridad pública que un inexperto Noboa lanzó en enero de 2024. Sin avisar, el joven mandatario dejó plantados a los periodistas que esperaban su rueda de prensa y a sus seguidores aglutinados frente a su cuartel de campaña, en un hotel de una zona adinerada de Quito, junto a un pequeño pelotón de militares destacado para la ocasión. Un capricho recurrente en un muchacho nacido en cuna de oro, que tiene fama de irascible.La sorpresa fue tal que Luisa González cantó victoria la misma noche, mientras Noboa se encerró en el silencio. Para el mayor gozo del expresidente Rafael Correa (2007-2017), mentor de su contrincante y uno de los últimos dinosaurios que aún sobreviven al socialismo del siglo XXI, cuya larga sombra aún define las elecciones en este país andino de 18.2 millones de habitantes.Al día siguiente, mientras reinaba un silencio sepulcral en el centro Quito, sede del palacio presidencial de Carondelet, Noboa emitió un escueto comunicado en el que prometió “enfrentar a las mafias” y “no pactar con ellas” en su camino a la segunda vuelta que se llevará a cabo el próximo 13 de abril, dando razón a quienes le reprochan no dar la cara ante la adversidad. En la capital, el mapa electoral evidenció la ruptura entre las zonas urbanas que confiaron en Noboa y las rurales que prefirieron a González.Parada frente al hotel Le Parc, la ciudadana Marcela Calero, vestida de violeta –el color de ADN–, nunca perdió la esperanza de que su favorito dispusiera de un cuatrienio completo para poner orden en un país que solía ser un remanso de paz en un continente agitado, y que ahora tiene los índices delictivosde una nación en guerra. “En un año y medio no pudo hacer mucho”, dijo. La gran mayoría queremos estar más seguros y eso sólo se consigue con los militares y los policías en la calle, porque de lo contrario, ¿Cómo se va a hacer?”, se preguntó esta mujer de 50 años.Una falsa calma en el EcuadorComo si se tratara de una montaña rusa, los días que rodearon la elección presidencial del 9 de febrero de 2025 estuvieron asentados en una inusitada calma para una nación que cerró el año anterior con una tasa de homicidios de 38.8 por 100 mil habitantes. Casi un tercio más de la que se estimó en México en 2023 (24.8).A diferencia de lo que ocurrió en la campaña que llevó al poder a Noboa, esta vez no hubo ningún candidato presidencial asesinado, ni se multiplicaron los atentados contra representantes de la fuerza pública. En las calles de Quito se respiró un aire de tranquilidad, con afiches de Luisa González tapizando algunas paredes y figuras de Noboa de cartón en tamaño real decorando los balcones y los escaparates de las tiendas de sus seguidores, como si se tratara de un muñeco Ken ataviado con la banda presidencial.Pero, como era de esperar, la calma no duró. Apenas acabada la elección, una ola de violencia volvió a ocupar la primera plana de los periódicos y abrir a diario los noticieros. Tan sólo el fin de semana de San Valentín, dos sicarios se sumergieron en el mar para asesinar a un hombre que se bañaba en la playa de General Villamil. Un teniente-coronel de la Fuerza Aérea fue acribillado cerca de la penitenciaría del Litoral, en donde fueron hallados muertos tres reos y siete personas más fallecieron en una enésima masacre ocurrida en la ciudad de Guayaquil, la mayor del país y epicentro del narcotráfico.El balneario de Playas, conocido por su belleza y tranquilidad, se vio sacudido el pasado 14 de febrero por un acto de violencia sin precedentes.Dos individuos armados ingresaron al mar y, frente a cientos de turistas, dispararon 16 veces contra un bañista, acabando con su… pic.twitter.com/fJ9vYVbt73— La Nueva República (@NuevaRep_Ec) February 17, 2025 ​Ante la preocupación de las familias sentadas frente a sus televisores, Noboa volvió a endurecer el discurso contra “el terrorismo” y a asociar a su rival con el poder corruptor del narcotráfico. “Estamos en guerra”, dijo en una entrevista con TC Televisión, vestido con una camisa polo que dejó entrever un cuerpo esculpido y un semblante agotado. “Si te matan a un coronel, estás en guerra”, repitió.​Para ese momento, hacía ya un año que había declarado como organizaciones terroristas a 22 pandillas, entre las que destacan Los Choneros, Los Lobos y Los Tiguerones, ligadas a los cárteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación.Daniel Noboa declaró como organizaciones terroristas a 22 pandillasSegún la narrativa presidencial, “el Ecuador llegó a su peor momento en el año 2023”, justo cuando asumió el poder este hombre que quiso ser músico antes que político, tras la renuncia del banquero Guillermo Lasso, acorralado por los escándalos de corrupción y las acusaciones de nexos de su entorno con la mafia albanesa. Las calles ardían entonces y Ecuador acababa de vivir una temporada para el olvido.Tras la firma del Acuerdo de Paz en 2016 con las FARC de Colombia, los narcotraficantes tuvieron que buscar nuevas salidas para las toneladas de cocaína que siguieron mandando a Estados Unidos por medio de México y Centroamérica. Y Ecuador, con su amplia costa Pacífica, una corrupción generalizada y pandillas que tomaron de a poco el control de las prisiones en contubernio con disidencias guerrilleras en la frontera, se convirtió en un terreno fértil para el desarrollo de la criminalidad ligada al narcotráfico.En ese contexto fue que Daniel Roy-Gilchrist Noboa Azín, casi desconocido pese a ser el hijo de Álvaro Noboa –uno de los principales empresarios bananeros del país, cinco veces candidato a la presidencia del Ecuador– se coló con tan sólo 23.7% de votos a la segunda vuelta de la elección presidencial en agosto de 2023.“Se ganó la lotería”, dijo el sociólogo David Chávez, al explicar en su despacho de la Universidad Central en Quito cómo venció Noboa a Luisa González luego de un breve y gris paso por la política como asambleísta. Al igual que Lasso antes que él, se benefició del voto de confianza de los numerosos enemigos que se fabricó Rafael Correa durante su largo mandato, a la derecha y al centro del espectro político. “Ese electorado que había ido asumiendo esta representación política, no terminaba de encontrar esta identidad política, no terminaba de encontrar un representante, un partido, un líder, una figura que condensase esta representación”, detalló Chávez. El equipo de Noboa, experto en marketing político, supo aprovechar perfectamente ese espacio para “construir la imagen de un hombre de acción” que permitió a ADN convertirse en el segundo mayor movimiento político del país hoy en día.El inexistente Plan Fénix de Daniel NoboaUn claro ejemplo ocurrió a mediados de 2024, cuando la violencia comenzaba a desbordarse en la ciudad costera de Durán. El joven y musculoso presidente encabezó entonces un fuerte despliegue de seguridad. Montado en una camioneta militar blindada, adornada con la bandera de Ecuador, se grabó equipándose con un casco y un chaleco antibalas, mientras la policía derribaba puertas de casas en las que presumiblemente se escondían delincuentes, en un video que se volvió viral. @danielnoboaok Hoy hemos tomado Durán. Ponemos nuestra vida en primera línea para devolver su hogar a las familias duraneñas ???????????????? #ElNuevoEcuador #EINuevoEcuadorResuelve #danielnoboaazin #danielnoboapresidente #ecuador #NoboaEnDurán #NosTomamosDurán #Durán #Duran #intervencion #seguridad ♬ sonido original - DanielNoboaOK ​Ese afán de protagonismo y el despliegue de militares para acompañar a las labores de la policía justificó que fuera comparado con su homólogo salvadoreño Nayib Bukele, otro millenial reconocido en la región por haber domado con mano dura a las poderosas pandillas de Las Maras, a costa de los derechos humanos. Pero sus demostraciones de autoritarismo no acabaron allí.Noboa también autorizó el asalto a la embajada mexicana en la que se encontraba refugiado el exvicepresidente correista Jorge Glas –algo que no se atrevió a hacer ningún dictador en la región– y desterró a su vicepresidenta Verónica Abad a una lejana misión de paz para evitar cederle el poder, pasándose por la faja cualquier limitación que le imponga la democracia, al más puro estilo de Donald Trump. Noboa fue, de hecho, uno de los pocos dirigentes latinoamericanos invitados a la investidura del presidente estadounidense, junto con el argentino Javier Milei y Bukele. Todos heraldos de la nueva derecha populista y autoritaria que gana terreno en el continente. La dicha le duró poco. Luego de unos meses de estupor, los efectos de la militarización se fueron revirtiendo y aumentaron los homicidios hasta hacer de enero de 2025 el mes más violento de la historia del país, con 750 asesinatos, mientras siguieron creciendo la extorsión, los delitos ambientales y la minería ilegal, pese a los continuos estados de excepción decretados en varias provincias del país.Según expertos entrevistados por la revista DOMINGA, el principal responsable de esta debacle es la improvisación del gobierno a la hora de trazar el rumbo de la estrategia de combate al crimen organizado, más allá de enarbolar los contornos borrosos de un supuesto Plan Fénix, al que nadie ha tenido acceso y cuya existencia misma está en duda. Aunque Noboa se tatuara el ave mítica en la piel.“Lo que ha hecho el gobierno es apoyarse sólo en la militarización de la lucha contra el crimen organizado y esta militarización no viene acompañada de mayor dotación tecnológica ni de recursos humanos a las fuerzas armadas”, explicó Renato Rivera, director del Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado. Sólo ha habido petición de “enviar más tropas en un contexto donde las fuerzas armadas están rebasadas en capacidades”. La culpa la tiene el expresidente Rafael CorreaPara justificarse, el gobierno de Daniel Noboa recurrió a la misma técnica que sus antecesores, a los que tanto critica por no representar al “Nuevo Ecuador”: culpar al gobierno del expresidente Rafael Correa de la crisis. Y es verdad que, según los expertos entrevistados en Ecuador, el socialismo del siglo XXI pactó cierta paz social con bandas como los Ñetas y los Latin Kings, así como con las guerrillas colombianas en la frontera. Mientras que el sucesor designado de Correa, Lenin Moreno (2017-2021), desmanteló buena parte del sistema carcelario, permitiendo el empoderamiento de las bandas que transformaron a las prisiones en centro de operaciones y el teatro de masacres recurrentes.También se atribuye al expresidente socialista, condenado por corrupción y exiliado en Bélgica, la responsabilidad de haber cerrado las bases militares estadounidenses en Ecuador, encargadas de vigilar esta parte del océano Pacífico. A lo que Noboa respondió autorizando su regreso al archipiélago de los Galápagos por medio de un decreto ejecutivo que reta la Constitución, a la que propone de todas maneras reformar.“Los otros gobiernos desde mucho más atrás de Noboa, [...] pactaron en algunos casos con el crimen organizado, con las bandas, hicieron acuerdos. Se hicieron de la vista gorda. No les importaba lo que hacían con tal de que no molesten y contribuyeron, colaboraron directamente con ellos, se beneficiaron de las acciones de la corrupción de estas organizaciones”, denunció Mario Pazmiño, director para América Latina del ‘think-tank’ estadounidense Security College.Pero incluso en esos espacios, en los que logró retomar el control del ejército, comenzó a evidenciarse el poder corruptor de las pandillas, capaces de corromper incluso a los militares, según el portal especializado Insight Crime.La reconfiguración del mapa criminal del EcuadorLo que sí logró la ofensiva gubernamental fue reconfigurar el mapa criminal del país, sin que eso permitiera reducir los índices delictivos. La violencia se concentró en el litoral y en las fronteras, claves para la exportación de droga, respondiendo a “una lógica de mercado más que a la intervención estatal”, según Rivera. Luego de replegarse estratégicamente, las pandillas se fortalecieron al punto de que al menos tres “pasaron de ser unas megabandas a formar un microcartel” con presencia en Colombia, Perú y Chile, señaló Mario Pazmiño, exdirector de inteligencia del ejército.No es de extrañarse entonces que la opositora Luisa González –cuyo programa de seguridad también se centra en la mano dura, agregando un componente de inteligencia– haya ganado en las costas de Guayas, Manabí, Esmeraldas o Santa Elena, las más afectadas por la violencia y en dónde mejor se evidencia el fracaso de la militarización sin rumbo emprendida por el gobierno de Noboa. Los pescadores, cooptados, asaltados e incluso desaparecidos en altamar, han sido algunas de las principales víctimas de este negocio que rondó los 953 millones de dólares en 2021, según Insight Crime, convirtiéndolo en el sexto rubro de exportaciones de Ecuador, “por encima de las flores, el cacao, el cobre y el oro”. Noboa, por su parte, estimó en “más de 30 mil millones de dólares” anuales los ingresos de los grupos criminales.Aún así, durante un buen tiempo no importó que el despliegue militar comenzara a causar graves afectaciones en materia de derechos humanos, mientras repuntaban desde julio pasado los homicidios en las zonas más vulnerables del país. Tan sólo en 2024, el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos denunció 27 desapariciones forzadas “en el contexto de la militarización de la costa en Ecuador”.Eso es porque “Ecuador es una sociedad que, aparte de ser clasista, es profundamente racista”, afirmó la experta en crimen organizado Michelle Maffei, al señalar que las zonas más pobres suelen ser habitadas por afros e indígenas. “Las personas en el Ecuador quieren sangre, por eso es que aplauden tanto las estrategias hipermilitaristas. El problema es que la gran mayoría no saben que en el momento que tú reaccionas con más violencia, lo que vas a obtener de retorno es incluso una violencia mucho más fuerte”. La gota que finalmente desbordó el vaso fue el asesinato y la quema de los cuerpos de cuatro menores de edad afroecuatorianos, levantados por una patrulla de la Fuerza Aérea el 8 de diciembre de 2024 en una zona humilde del puerto de Guayaquil: Las Malvinas. Aunque Ecuador se aprendió de memoria los nombres de Ismael y Josué Arroyo, de 15 y 14 años, Nehemías Arboleda (15) y Steven Medina (11), Noboa nunca pidió disculpas, mientras que el gobierno lo hizo a regañadientes y cargó contra la jueza que responsabilizó al Estado. Era lógico que sucediera. Salvo en el caso puntual del pequeño país que es El Salvador, en el que Bukele es casi plenipotenciario y Las Maras son fácilmente reconocibles por sus tatuajes, la militarización de la guerra contra el narcotráfico nunca ha funcionado en el continente. Puede decapitar grandes guerrillas o poderosos cárteles, pero los pequeños grupos en los que se fragmentan –más violentos, menos politizados y camuflados entre la población civil–, acaban haciendo metástasis mientras exista un mercado negro y una población vulnerable de los que se puedan nutrir. Tal y como está sucediendo en Ecuador, en plena implosión de las grandes pandillas de antaño.La receta de los narcoterroristas que ya no convenceA dos meses de la segunda vuelta, Noboa aún tiene grandes posibilidades de ser reelecto presidente, a pesar de que le costará sumar votos en un entorno político en el que se hizo muchos enemigos. Quizá es por eso que ha endurecido su discurso contra los grupos a los que llama “narcoterroristas”. Sin embargo, tal parece que esta receta ya no cala hondamente en una población que también está preocupada por la crisis energética que enfrenta el país. Son muchas las horas de angustia que vivieron los ecuatorianos desde que una terrible sequía afectó desde octubre de 2023 a las centrales hidroeléctricas que proveen las tres cuartas partes de la energía nacional. La falta de lluvias e inversión en este sector vetusto provocaron racionamientos de hasta 14 horas diarias y apagones que, en conjunto con la violencia, llevaron al país a caer en recesión en 2024, con un decrecimiento anual de la economía estimado en 0.9% y una deuda que ronda los 5 mil millones de dólares.Y ahora, incluso la estrategia elegida para enfrentar esta crisis es discutida, a medida que aumentan el desempleo y la pobreza (+2% entre 2023 y 2024). Economistas como Marcelo Varela lamentan por ejemplo que “en lugar de invertir el dinero que recauda, Noboa lo direcciona al pago de deuda”. Esta petición cobra sentido si se tiene en cuenta que la estrategia de combatir al crimena balazosnunca da resultado si no se acompaña con una propuesta de inversión social que permita otras alternativas a los jóvenes más pobres, además de realmente reinsertarlos a la sociedad.Pero el joven mandatario se ve constreñido por la necesidad de reducir un aparato estatal que se volvió insostenible al terminar la bonanza petrolera en 2014 y un gasto corriente que aumenta cada año por razones constitucionales, además de una deuda de casi 5 mil millones con el Fondo Monetario Internacional.Así que a sus 37 años, Daniel Noboa, quien en algún momento se definió como socialdemócrata, se ve enfrentado al dilema de enderezar el país sin disponer de recursos gigantescos para hacerlo, ni de otra estrategia que la de militarizar la lucha contra el narcotráfico, siguiendo la receta estadounidense que lleva 40 años fracasando y llevándose consigo a un país latinoamericano tras otro. Mientras la paciencia de los ecuatorianos se agota y se preguntan si no se estaba mejor antes, cuando gobernaba el socialismo, por más que buena parte de la población odie aún visceralmente a Rafael Correa.GSC/ASG​​


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