SEASIDE CLIMA

Notipunto

  • Nuestras Redes Sociales:
Cabecera
Home Últimas Noticias Una mañana en la Torre Trump. Veo mármol, hamburguesas y baratijas chinas
Una mañana en la Torre Trump. Veo mármol, hamburguesas y baratijas chinas
  • Compartir
  • 52

Una mañana en la Torre Trump. Veo mármol, hamburguesas y baratijas chinas

  • - 2025-02-23

A las 10:30 am la calle 56, entre las avenidas 5ta y Madison en Manhattan, está cerrada o mejor dicho atrincherada con una barricada de la policía de Nueva York, unas siete patrullas y otras once camionetas del Servicio Secreto. Todos los motores están apagados. Algunos agentes sólo miran el celular. Un policía está en cada esquina y otros más frente a la puerta que da acceso lateral a la Torre Trump. Es un viernes de febrero, hace frío y la gente camina sin prestar la menor atención a esta barricada. Un amigo neoyorquino dice que, cuando la calle 56 se ve así, la señora Trump está en casa. Donald Trump y su gente están de vuelta en la Casa Blanca y han sembrado caos como ningún gobierno anterior. Una columnista del Washington Post calificó las primeras semanas como las más dañinas en la historia de los presidentes estadounidenses. Trump perdonó a más de mil 500 personas que asaltaron el Capitolio en 2021. Sacó al país del Acuerdo de París y de la Organización Mundial de la Salud. Canceló todas las aplicaciones de asilo político y empezó una campaña de deportaciones masivas con aviones militares. Quitó el derecho a la ciudadanía a los hijos de inmigrantes nacidos en Estados Unidos. Anunció aranceles de hasta 25% contra México, Canadá y China. Desmanteló la Agencia Internacional del Desarrollo, conocida como USAID. El presidente republicano dijo que el Golfo de México ahora se va a llamar el "Golfo de América". Declaró que para el gobierno estadounidense solo existen dos géneros –hombre y mujer– y que no son alterables. Canceló las políticas y toda referencia a “diversidad, equidad e inclusión” en todo documento oficial. Cuando un avión comercial estalló contra un helicóptero militar sobre Washington D.C. y los pedazos de metal y las 67 personas a bordo cayeron a las aguas gélidas del río Potomac, Trump dijo que el accidente y las muertes fueron culpa de estas políticas de diversidad, equidad e inclusión.Decidí ir a la Torre Trump para ver cómo se viven estos días ahí en los espacios públicos del edificio emblemático, imagen de su sagacidad empresarial, escenario del reality The Apprentice y todavía hogar de su esposa Melania y su hijo Barron. La noche que llegué en tren a Nueva York, el caos se extendió todavía más. Trump dijo que los dos millones de palestinos deberían ser “reubicados” para que Estados Unidos pudiera tomar y ser dueño de Gaza y la Ribera Occidental –entre Israel y Jordania– y convertir esos territorios en destinos de ultra lujo para los ricos globales.Camino desde Hell’s Kitchen, el barrio donde vive mi amigo neoyorkino, a la Torre Trump. Doy una vuelta alrededor del edificio. Veo a los policías y agentes del Servicio Secreto y paso de largo y veo la entrada de la tienda Gucci, el mayor inquilino comercial en toda la Torre Trump. Se estima que ahora Gucci paga unos 25.6 millones de pesos al mes en renta después de haber renegociado y extendido su contrato en 2020.Entro por la puerta principal. Letreros anuncian que toda bolsa será sujeta a revisión pero nadie checa ni me pregunta nada. A la mano izquierda, unos ascensores con puertas doradas reposan detrás de dos hombres trajeados. Arriba hay un café italiano sobre una especie de balcón. Tanto el piso como los muros del vestíbulo son de mármol italiano Breccia Pernice. Y de los ventanales cuelga una enorme bandera estadounidense.Los souvenirs de la Torre Trump: playeras, gorras y whiskeys​Llego a las escaleras mecánicas por donde Trump bajó en 2015 para anunciar su primera campaña presidencial con una mezcla de mentiras y comentarios racistas como: “Cuando México nos manda su gente, no nos manda sus mejores. No nos están mandando gente como ustedes. Nos manda gente con muchos problemas y nos traen esos problemas. Nos traen drogas. Nos traen crímenes. Son violadores. Y algunos, imagino, que son buena gente”.El famoso vestíbulo de la Torre Trump tiene un techo altísimo: las escaleras mecánicas suben y bajan en el espacio abierto. Hay seis plantas de escaleras, pero solo dos están abiertas al público. En las fotos se ven doradas, resplandecientes. En vivo se ven como las de cualquier centro comercial lujoso de los años ochenta venido a menos. Al lado de los ascensores hay un puesto de playeras y gorras Trump y al fondo toda una tienda de playeras, gorras, sudaderas, tazas, vasos de vino y whiskey: la mera Tienda Trump. Adentro una pareja habla en alemán y revisan unas sudaderas. Las famosas gorras MAGA–Make American Great Again– aquí cuestan mil 137 pesos. Una playera Trump: 826. Una taza Trump: 578. Subo por las escaleras, paso por el bar ‘45 Wine and Whiskey’ que todavía no abre y doy una vuelta por el pequeño café y área de mesas sobre el balcón. No he desayunado pero los panecillos de la vitrina parecen de plástico. Decido ir al sótano a dar un vistazo donde se encuentra el Café Trump, la Heladería Trump y la Parrilla Trump. El café es de estilo bufet y tampoco apetece: huevos revueltos de hace un par de horas; fruta picada; pizzas que parecen de microondas. No hay un solo cliente. En la heladería una mujer está sentada trabajando en su computadora con un café. En la parrilla dos hombres con gorras MAGA están sentados en el bar mientras toman una cerveza. En la radio de la Parilla Trump suenan los Bee Gees, “Stayin’ Alive”.Veo un pasillo y sigo por ahí. Lleva a otra tienda Trump y, al fondo, a los baños. La tienda de la planta baja debe ser la versión Liverpool y la del sótano la versión aeropuerto. Aquí la gorra MAGA cuesta 620 pesos y la taza de café 475. Pero la selección de chunches Trump es mucho más amplia aquí. Hay, por ejemplo, un billete de un dólar con la cara de Trump en lugar de George Washington, enmarcada en una placa negra con la leyenda: “El 45º y 47º presidente de Estados Unidos”. Hay peluches, ositos, pelotas de golf y llaveros con la gorra MAGA en miniatura. ​“Parte de mi encanto es que soy muy rico”, dijo Donald TrumpHay un caballito de vidrio (hecho en china) con la foto de Trump con la cara ensangrentada mientras levantaba el puño en alto después de los disparos en sumitin de Pennsylvaniaen 2024. En el caballito se lee un juego de palabras: “I took a shot for you, now take one for me (Sobreviví a un balazo por ti, ahora toma un trago por mí)”. Hablo con el empleado de la tienda. Lleva la clásica gorra MAGA roja puesta mientras revisa su celular. Es de Mumbai. Vive en Estados Unidos desde hace 41 años y lleva 17 trabajando en esta tienda. Me intenta vender gorras y playeras mientras yo le hago preguntas.–¿Qué opinas de Trump y lo que está haciendo como presidente? –¡Es un tipo genial! Sólo ve cómo está el país. Está mejorando. Y todos los días hay algo nuevo. –¿Y lo que dijo sobre Gaza? –Es diferente… –hace un chasquido con la boca–. Nunca habrá paz allá. Es como la India y Paquistán. Hay paz por un tiempo y luego disparos y bombas. Al lado de la caja, donde estamos conversando, tienen un par de libros. Uno llama mi atención, es una edición de pasta dura de bolsillo que se llama ‘The Donald Trump Book of Quotations’.–Acaba de salir –dice, esperanzado. Lo abro al azar y leo: “Part of the beauty of me is that I am very rich (Parte de mi encanto es que soy muy rico)”, dicho por Trump el 17 de marzo de 2011 en el programa de televisión, Good Morning, América. Regreso el libro a su lugar, agradezco al vendedor y me despido.–¿Ninguna gorra? ¿Un poster? Vuelvo al café del balcón, donde se vive “la experiencia de la comida italiana”. Pido un cappuccino por 130 pesos. La mujer que me atiende viene de Guayaquil, Ecuador. Al lado dos hombres toman café en otra mesa y conversan en coreano. Abro el periódico y leo: “Trump insiste sobre la toma de Gaza y la reubicación de los palestinos”. Trump sobrevaluaba sus propiedades a inversores y bancosEn 1971 Donald Trump heredó la millonaria empresa familiar de bienes raíces y, unos años después, compró el edificio Bonwit Teller en la esquina de la 5ta Avenida y la calle 56. Lo tumbó, destruyendo dos esculturas art decó que había prometido donar al Museo Metropolitano de Arte Contemporáneo. En la demolición trabajaban polacos indocumentados que demandaron a Trump por condiciones inseguras –trabajar sin cascos, guantes y cubrebocas– y por los salarios por debajo de lo contratado con el sindicato. Después de 19 años de litigio, Trump les dio 20 millones de pesos. Construida entre 1979 y 1983, la Torre Trump mide 202 metros y tiene 58 plantas, aunque Trump presumió que tenía 68. Trump también compró los derechos del aire arriba de su vecino, la tienda de joyería Tiffany, para asegurarse de que nadie pudiera construir bloqueando su vista. Esta torre es, en muchos sentidos, el símbolo de Donald Trump como gran empresario. Un año antes apareció en la revista ‘Forbes’ por primera vez con una fortuna de 100 millones de dólares. Argumentaba que el futuro valor de la propiedad le daba esa suma. En realidad, otra empresa de inversiones era dueña de la mayor parte del edificio. Trump tenía sólo unos cinco millones. La Torre Trump fue locación de la exitosa serie The Apprentice(2004-2015), que catapultó a Donald Trump a otro nivel de fama masiva. Y nuevamente, fue el escenario del anuncio de su primera candidatura presidencial frente a un público acarreado que recibió 50 dólares, unos mil pesos, a cambio de ponerse una playera Trump, sostener una pancarta y aplaudir. NBC despidió a Trump del programa en 2015 después de comentarios racistas sobre inmigrantes mexicanos que hizo ese día. Aquí varios personajes famosos han rentado oficinas o departamentos, como Michael Jackson, Steven Spielberg, Liberace, Bruce Willis, Johnny Carson y el expresidente dictador de Haití Jean-Claude Duvalier. El hijo adolescente de Trump, Barron, tiene su propia planta. En febrero de 2024, un juez en Nueva York condenó a Trump por sobrevaluar sus propiedades –es decir: mentir– para conseguir términos favorables de inversores y bancos. En junio de 2024, un jurado lo condenó por 34 diferentes delitos federalesde falsificación de todo tipo de documentos. Ese día, Trump dio una conferencia de prensa en la Torre Trump para decir que apelaría, que todo era un complot en su contra y, tal vez sin querer, agregó otro hito histórico al vestíbulo de mármol sobre la 5ta Avenida: las primeras declaraciones del primer presidente de Estados Unidos condenado por cometer delitos federales, el primer presidente oficialmente delincuente.Si tienes que ir al baño, ve a la Torre TrumpSon las 11:30 y doy otra vuelta por el sótano y camino hasta los baños. Un trabajador atiende el de caballeros. Viene de República Dominicana. Lleva 20 años en Estados Unidos, 15 en Florida, cinco en Nueva York y apenas seis meses trabajando aquí. Le pregunto si pagan bien. “Depende del trabajo que uno hace. En el café pagan 17 dólares la hora, en el restaurante 20”. En Nueva York, el sueldo mínimo es 16.50 la hora, lo que equivale a 341 pesos. Le pregunto qué piensa de Trump y sonríe, dice que no tiene tiempo ni de leer las noticias. Este es el único baño público en esta parte de Manhattan. “Hubieras visto aquí en diciembre, la fila se extendía por todo el pasillo”. La escasez de baños públicos en Manhattan es legendaria: la ciudad tiene un baño por cada 8 mil habitantes. Hace poco, una influencer subió un video de TikTok sobre su viaje al baño de la Torre Trump: “Si tienes que *** en Nueva York, recomiendo mucho hacerlo en la Trump Tower. Inodoros: diez de diez”. @got2gonyc 10/10???? is so fitting for the sh*ttiest place in nyc <3 #trumptower #nyc #trumpmugshot ♬ Mission Impossible (Main Theme) - Favorite Movie Songs Vuelvo al área de mesas. Tres de 20 están ocupadas. Detrás de mí, dos mujeres con varias bolsas de compra encima toman café y conversan en japonés. Algunas personas suben y bajan por las escaleras mecánicas tomando fotos y videos con sus celulares. Una vez más pienso en los aeropuertos: lugares de tránsito corroídos por lo peor del consumismo, “lugares sin alma, lugares sin chiste”. Este café podría ser el área de comida de cualquier aeropuerto. Todo el vestíbulo, a pesar de la calidad del mármol y el latón, parece así. Los trabajadores de la Torre Trump son inmigrantes. Los tiliches Trump que se venden aquí son hechos en China. Y esto no sorprende a nadie. Desde que Donald Trump bajó por estas escaleras a decir que los inmigrantes eran unos criminales y que China estaba derrotando la economía estadounidense era obvio que su retórica de odio y enemistad no intenta describir la realidad, más bien busca producir realidades a golpe de mentiras.Una mimosa Trump o una hamburguesa MAGA con salsa especialSon las 12:10. En la radio de la Parilla Trump suena Huey Lewis & The News, “The Power of Love”. En este lugar, el tiempo parece andar de rodillas. Decido ir al bar y ver si puedo sacar algo de plática con la bartender o los meseros. Me siento y reviso la carta. El menú del día cuesta unos mil pesos e incluye un vaso de vino, una hamburguesa o un sándwich y una bola de helado. Una hamburguesa MAGA con “salsa especial” cuesta casi 600 pesos. El sándwich de pollo cajún es lo más económico: 472 pesos. Los cócteles cuestan casi igual que la comida. La mimosa Trump: 493. Una Primera Dama –vodka sabor a durazno, St. Germain y jugo de toronja– unos 452 pesos. Un hombre con un acento neoyorquino está sentado al final de la barra. Todos lo conocen. La bartender está preparando un cóctel para una mesa y se da cuenta de algo ligeramente inquieto en aquel hombre. Le pregunta si necesita algo. Él contesta, amable, que sí, pero que cuando ella termine. La chica le dice: “Yo nunca termino”.Llega la comida. Es mala. Mala con ganas. Mala como un sándwich de aeropuerto, pan sin gracia y el pollo frito con un sabor que indica que fue descongelado y recalentado en un microondas. ¿Qué esperaba? Hay pocas mesas, entonces le digo a la bartender: –¿Día lento? –Todo el mes ha sido lento. Está semivacío aquí y yo corriendo. Y es cierto: no para de trabajar. Ella es de Rumania. Ha trabajado en la Torre Trump por 23 años y no tiene tiempo de platicar. Termino de comer, pago, dejo una propina y me voy. Donald Trump, el presidente del entretenimiento Después de deambular un rato por la ciudad, vuelvo caminando al barrio de Hell’s Kitchen por la tarde. En la esquina de la 47 y la 10, veo un bar con un montón de banderas LGBT+ y anuncios de tragos baratos: cuatro dólares (80 pesos) para un shotde whiskey. Se llama DBL/ Dive Bar Lounge. Entro, pienso que sería un excelente antídoto a mi mañana en la Torre Trump.El bartender está solo, tiene la música alta y está bailando y preparando cosas detrás del bar. No hay clientes. Me siento en la barra, pido un bourbon, me presento como reportero y pregunto si lo puedo entrevistar. “¿Sobre qué?” Empiezo a decir algo sobre las primeras semanas perturbadoras de la segunda administración de Donald Trump y me interrumpe:–¡A mí no me perturba! –dice–. Es entretenimiento. ¡Es chistoso! Cuando ese avión estalló en Washington y Trump dijo que la culpa era de los programas de diversidad… –lanza una carcajada delirante–. Y cuando los reporteros le preguntaron qué evidencia tenía y él dijo que era de sentido común… ¡Sentido común! El sentido común es que tú eres racista.El bartender tiene 36 años y se llama Shawn. Es un hombre guapo y encantador que lleva sus rastas cortas amarradas, un top azul sin mangas que apenas le cubre el pecho y deja lucir sus brazos y sus cuadritos. Lleva seis meses trabajando aquí y no toma alcohol desde hace tres años. –Es muy chistoso este pedo –sigue–. En el debate cuando le preguntaron qué pensaba de la inmigración y él dijo que los migrantes estaban comiendo gatos y perros… Por el dinero que pago en mis impuestos, merezco entretenimiento. “Vamos a culpar a las políticas de diversidad, equidad e inclusión”. Lo que estás diciendo es: vamos a culpar a las personas negras. Shawn es una persona negra. –Cuando dijo esa mierda sobre los migrantes comiendo perros, había gente que le creyó, pero no creyó que él lideró una insurrección contra el Capitolio. Y así todos siguen hablando de ese personaje en el ‘reality show’ en que estamos viviendo. Y siempre es lo mismo. Shawn viene de Florida y dice que ya no puede vivir allí. Un hombre entra, se sienta en la barra, pide una margarita frozen. –Hay agentes tumbando puertas para encontrar a personas indocumentadas, personas que siempre pagan en efectivo, que no dejan rastro. ¿Y no saben dónde está el Klu Klux Klan? Pero no es un asunto sólo de este presidente [...]. Por eso no quieren que votes. ¿Qué otro país vota los martes cuando todo mundo está trabajando? GSC/ASG


TE PUEDE INTERESAR

Notipunto

Al día con usted



Nuestras Redes Sociales: