A pesar de que los diamantes creados en laboratorio surgieron a mediados del siglo XX para uso industrial —como herramientas de corte y abrasivos— y, en menor medida, para aplicaciones tecnológicas en electrónica y óptica de alta precisión, desde 2010 se expanden en el mundo como alternativa para la joyería, una tendencia que ya llegó a México y que buscan dominar empresas de China, Estados Unidos e India.De acuerdo con la consultora Horizon Grand View Research, la demanda de diamantes en el mercado mexicano está valorado en 545.7 millones de dólares anuales, y se proyecta que para 2030 sea de 676.8 millones, con un crecimiento promedio anual de 3.7 por ciento, mismo que buscan ganarse estas firmas.Alrededor de 78 por ciento de la producción de diamantes de laboratorio se hace en China, India y Estados Unidos, destacando el primero con casi la mitad de la producción global.Ramiro Saldaña Tapia, director comercial de Saldaña Joyería, dijo a MILENIO que el dominio de estas piedras está creciendo porque son más accesibles que las joyas normales, pues pueden llegar a costar hasta 90 por ciento menos que la pieza extraída de la tierra, algo que en tiempos de incertidumbre pues llega a ser una opción factible tanto para diseñadores, aunque no tanto para clientes.“Es una proporción así muy grande en cuestión de costo y la verdad es que, como es un producto relativamente nuevo, los diamantes de laboratorio aquí les están ganando ahorita mucho margen”.“A lo mejor esos 200 dólares del diamante de laboratorio, se lo venden al triple al consumidor final, siendo que la “roca” natural (que cuesta de mil 200 a 2 mil dólares), su margen de ganancia no llega a un 50 o 40 por ciento”, expuso.Esto está cubriendo la caída a nivel mundial que hay de diamantes, de 2018 a 2023 la producción mundial de diamantes naturales cayó 24.3 por ciento, tendencia que de acuerdo con el Consejo del Diamante Natural se mantiene a la fecha, y esto es porque están cambiando las reglas para su extracción, apostando por métodos más éticos y que permitan una recuperación natural de los centros donde se extrae.Nicho al que pertenece la piedra del anillo de compromiso de Georgina Rodríguez —influencer y prometida del futbolista Cristiano Ronaldo—, valorado en 6 millones de euros, sin contar el precio de los diamantes laterales.La roca principal de su anillo es un diamante ovalado de alrededor de 35 quilates flanqueado por piedras laterales que suman un total cercano a los 37 quilates, expertos apuntan a un D-Flawless de 40 o 45 quilates, lo más alto en el rango de color y pureza.¿De qué están hechos los diamantes?A simple vista un diamante creado en laboratorio y uno extraído de una mina son indistinguibles, pues ambos están hechos de carbono puro y comparten el mismo brillo, dureza y transparencia, pero la diferencia está en su origen.Mientras que un diamante natural se forma a cientos de kilómetros bajo tierra, sometido durante millones de años a una enorme presión y calor, un diamante de laboratorio nace en cuestión de semanas gracias a tecnología que reproduce esas mismas condiciones de manera controlada. Para ello, los fabricantes parten de una pequeña “semilla” de diamante sobre la que, capa por capa, se va formando el cristal hasta alcanzar el tamaño deseado.El resultado es una pieza auténtica, no imitación. La principal ventaja que ofrece es que su producción no requiere de explotaciones mineras a gran escala y costo más accesible. Por eso, en poco más de una década, los diamantes cultivados pasaron de ser una curiosidad tecnológica a convertirse en una opción cada vez más presente en joyerías de todo el mundo.China, base de manufacturaActualmente la mayoría de los diamantes creados en laboratorio se hacen en China con una técnica que imita la enorme presión y el calor que hay bajo tierra; sin embargo, cada vez más empresas usan otro método que “arma” el diamante poco a poco, capa por capa, dentro de una cámara parecida a un microondas, lo que permite obtener piedras más grandes.En el centro de China, la fábrica de diamantes Jiaruifu de Feng cuenta con 600 máquinas, cada una más grande que un elefante africano, simulan la aplastante presión geológica y el calor infernal de las profundidades de la Tierra, donde crecen los diamantes. Estas máquinas pueden producir diamantes de tres quilates, del tamaño de un gran anillo de compromiso, en tan solo siete días, de acuerdo con una investigación realizada por el Financial Times, "Podemos producir diamantes en masa", dice Feng.Tiene otras dos fábricas trabajando las 24 horas, "actualmente, produzco unos 100 mil quilates al mes", agregó.De acuerdo con el especialista, más de 70 por ciento de los diamantes cultivados en laboratorios para joyería del mundo son destinados a parejas recién comprometidas.Ante el auge de estas rocas sintéticas, una de las estrategias utilizada por la industria del diamante natural es la publicidad.El año pasado, De Beers y Signet lanzaron la campaña "Vale la pena esperar", centrada en el atractivo de los diamantes naturales.El mes pasado, los países productores de diamantes y De Beers firmaron un nuevo acuerdo, comprometiéndose a contribuir con uno por ciento de los ingresos por ventas de diamantes en bruto a un presupuesto colectivo de marketing gestionado por el Consejo del Diamante Natural. También la misma organización lanzó recientemente una campaña que promocionaba las piedras cultivadas en laboratorio como "dupes" y "desliza a la izquierda", aunque posteriormente retiró los anuncios.David Kellie, director ejecutivo del Consejo del Diamante Natural, reconoció que el desafío que plantean los diamantes cultivados en laboratorio.Pedir la mano ya no es tan caroLa innovación de los diamantes de laboratorio redujo hasta en 70 por ciento el costo de “pedir la mano” en comparación con una piedra natural, de acuerdo con la joyería neoyorquina The Clear Cut.En México, aunque cada vez más jóvenes optan por no casarse —lo que ha reducido la venta de argollas matrimoniales—, el anillo de compromiso sigue teniendo demanda, señaló María de Lourdes Cázares Ruiz, presidenta de la Cámara de la Industria Joyera de Guadalajara.“El anillo de compromiso con brillantito todavía se compra y se encarga; los clientes lo siguen buscando”, afirmó. “Sin embargo, la argolla sí ha caído en ventas. Creo que actualmente hay menos bodas religiosas, que son el evento donde más se entrega esta pieza”, agregó.Por su parte, Saldaña Tapia indicó que, cuando un cliente busca un anillo de compromiso, se le presentan opciones tanto de diamantes naturales como de laboratorio. Estos últimos, al costar un tercio de lo que vale uno natural, suelen ser la elección de muchos compradores.“Se les explica que es el mismo proceso que ocurre en la tierra, pero replicado en un laboratorio con altas presiones y temperaturas”, dijo. “Quienes venden piedras sintéticas usan como argumento que son más ecológicas y no implican el proceso de extracción; en cambio, quienes comercializan diamantes naturales apelan a que se vean como una inversión más que como un gasto”, concluyó.ER