DOMINGA.– Es un majestuoso ‘Ficus benjamina’, un laurel de la India de al menos 25 metros, con una copa amplia y frondosa, cuyas ramas y hojas parecen desplegarse al infinito. La corteza tiene cientos de grietas naturales, como si representaran sus más de100 años de vida. Laureano, se llama, habita en la calle Miguel Laurent esquina con Fresas, en la colonia Del Valle de la Ciudad de México. Su existencia peligra por un proyecto de departamentos de lujo. Hace unos 20 años, Perla Moreno paseaba en bicicleta por ese cruce de calles. Recuerda la sombra de Laureano, su frondoso tronco, su enorme copa jamás maltratada. Siempre estuvo ahí, frente a una casa que parecía abandonada. A finales de mayo de 2025, Perla se enteró por un vecino que el árbol sería derribado. Los vecinos ya se organizaban para impedirlo y no lo pensó: se unió a las protestas. Más habitantes de la Del Valle y el centro-sur de la ciudad se sumaron a lo que se convertiría en un movimiento para salvar el laurel. “Nos hicimos activistas”, dice Perla, hoy de 35 años, una tatuadora de la zona sur del barrio.El movimiento creó el hashtag #SalvemosaLaureano y crearon un perfil en X –hoy cancelado– para informar sobre cada nuevo hecho. Nadie lo previó al inicio, pero el laurel se convertiría en el emblema de cientos y miles de árboles devorados por la cruzada inmobiliaria que padece la Ciudad de México.Es la gentrificación que no sólo ha desplazado a cientos de personas: también ha arrasado con la flora y fauna urbanas. Con la lucha de los vecinos, Laureano podría dar voz a esos millares de seres vivos que nadie defendió, para que nunca más se ponga un precio a un árbol, y que este movimiento se extienda a todo el país.La construcción de un edificio de departamentos de siete millones de pesosEn Miguel Laurent 48 había una casa rústica, sencilla, de un solo piso, que estaba abandonada desde muchos años atrás y que, a inicios de este año, fue cercada con láminas de construcción. Las y los vecinos pensaron que era una remodelación pero, a los pocos días la casa, que alguna vez fue un expendio de leche, fue destruida.Trabajadores tiraron los cimentos y maquinaria llegó a excavar. Ahí se iba a construir algo grande. Bastó investigar un poco para que las y los vecinos descubrieran lo que planeaba Núcleo Urbano, la inmobiliaria detrás del proyecto: un edificio de departamentos y cada uno costaría al menos siete millones de pesos. En un chat de vecinos en WhatsApp inició la conversación y el arranque del movimiento para salvar a Laureano. Paco Ortiz, quien ha formado parte de otras luchas para salvar árboles como Eugenio, en la misma colonia, fue uno de los primeros que alertó sobre el laurel, cuyos vecinos son otros dos árboles: una palma y un colorín, especie protegida por la NOM 59 de la Semarnat.En una foto área que un vecino tomó con su dron, se confirmó que gran parte de su copa entra en el terreno donde se levantaría el edificio, que tiene una superficie de 501 metros cuadrados. Más vecinos se preocuparon. Tenían que ir más allá de la comodidad del chat en su teléfono. En honor a su especie, Paco lo bautizó Laureano.El lunes 2 de junio por la mañana, unos 80 vecinos cargaron carteles que decían “¿Acaso quieren matar a Laureano?”, cerraron el cruce de Miguel Lauren y Fresas con una exigencia: estaban ahí para defender al laurel. De manera simbólica, clausuraron la construcción del edificio. Seguramente, los cinco o seis trabajadores del predio que trabajaban ahí avisaron a la empresa, porque no tardó en llegar a enfrentar el enojo vecinal Salomón Levy, el representante de la inmobiliaria Núcleo Urbano.Los vecinos exigieron ver los permisos y reiteraron que cualquier plan de poner ahí un edificio mutilaría a Laureano. Todo mundo cuestionaba. Levy estaba abrumado pero ofreció una mesa de trabajo, juró que no se afectaría al árbol. Hasta hoy, la empresa nunca ha mostrado los permisos de construcción. Esa fue la primera vez que el movimiento tuvo contacto directo, frente a frente, con la empresa. Gracias al cierre de calles llegó un funcionario de la Dirección General de Concertación Política de la Secretaría del Gobierno de la Ciudad de México. Los vecinos leyeron el pliego petitorio, que mencionaba algunos puntos que incluía la detención inmediata de la obra; compromiso de no otorgar ningún permiso de poda, pues equivalía a mutilación; respeto también a los otros árboles del entorno, como el colorín –nombrado Colorina– y la palma. Hasta el día de hoy, sólo ha sido cubierta la declaratoria formal como patrimonio cultural y ambiental. Para el cumplimiento del resto, no hay fecha. Hoy el futuro de Laureano sigue en el aire.Una colonia inaugurada en el Porfiriato como villa para aristócratasEl último día de julio, vecinas y vecinos se reúnen para contar lo que ha pasado en dos meses del movimiento para salvar a Laureano. Además de Perla, vino Diana Sansores, economista de la salud, académica y vecina de la colonia. También está Paco Ortiz, vecino y subdirector de Libre en el sur, un periódico que documenta los conflictos en la alcaldía Benito Juárez. Ellos tres son algunos de los más aguerridos para salvar al laurel.Conversan sobre el origen de la Del Valle. Fue inaugurada en 1908, durante el Porfiriato, como una villa para aristócratas, que llegaron a ocupar una zona de pueblos originarios cuyos nombres, hasta hoy, persisten como los barrios Tlacoquemécatl y San Lorenzo Xochimanca, que dan también nombre a los parques en la zona.En el parque San Lorenzo sobrevive la iglesia de San Lorenzo Mártir, construida en la época colonial. A unos metros también hay un pirul, acompañado por una placa que confirma que existía desde hace al menos 400 años. Laureano vive casi en el punto donde empieza uno y acaba otro pueblo. Miguel Laurent y Fresas también se inauguraron en el Porfiriato. Nadie sabe cuándo ni quién sembró a Laureano, pero no hay duda de que es un árbol centenario, que su historia inició cuando la zona estaba cundida de, por ejemplo, viveros de moras y manzanas.En su columna en Libre en el sur, en el que uno de los temas recurrentes es la gentrificación, Paco alertó desde hace más de dos años sobre el riesgo que corría Laureano porque ya existía una licencia de demolición de la casita en Miguel Laurent. Varios vecinos que leyeron la información dijeron que estarían al pendiente y se organizarían en caso de que algo pasara. Tiempo después cumplieron su promesa y el movimiento para salvar a Laureano se hizo mediático a partir de ese 2 de junio, cuando se leyó el pliego petitorio a Levy. Aquella vez se acordó una reunión en la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) de la Ciudad de México en la que estuvieron algunos vecinos y el representante de la inmobiliaria. De nuevo, ahí se leyeron las peticiones y se acordó que el proyecto se detendría de manera momentánea. “Pero eso no se cumplió. Hemos documentado que siguieron trabajando en el lugar. Hicieron una plancha de cemento. Metieron material, sacaron maquinaria. Pusieron cámaras”, señala Paco. En la reunión en Sedema también se dijo que el proyecto se rediseñaría. “Pero no hay manera de hacer un edificio sin que se dañe a Laureano, son raíces muy profundas”, advierte Perla. “No tenemos ninguna certeza de que Laureano esté a salvo”, secunda Diana.La lucha por Laureano no ha estado exento de oportunismo político: integrantes del partido Movimiento Ciudadano han querido adueñarse de la lucha, pero las y los vecinos resisten. En algún momento, estuvieron de acuerdo con que se modificara el proyecto, como sucedió con el árbol Eugenio gracias a la presión de otros grupos de vecinos. Pero, en este caso, no hay manera de construir un edificio sin dañar a Laureano. Un edificio de 10 departamentos implica hacer excavaciones muy profundas y eso, sí o sí, significa destruir los cimientos del laurel. Las y los vecinos se documentaron. En general, el 80 por ciento de las raíces de un árbol llegan hasta una distancia de hasta cuatro veces la copa. Cualquier proyecto ahí es impensable. El cártel inmobiliario en la alcaldía Benito JuárezLas y los vecinos afirman que Núcleo Urbano, que tiene varios condominios construidos en la ciudad, gran parte en la misma alcaldía y, de éstos, la mayoría en la Del Valle, formaría parte del cártel inmobiliario en la Benito Juárez que ha sido denunciado una y otra vez en la prensa. Afirman que el proyecto de Miguel Laurent apareció en su sitio web, pero luego lo retiraron tras la famosa promesa del rediseño.En internet, Núcleo Urbano se presenta como una empresa con “más de 30 años de experiencia” en la construcción y diseño de proyectos inmobiliarios. Asegura que combina la trayectoria de expertos con “la visión de jóvenes que conocen las necesidades actuales que nos rodean”; que saben del gran reto de “ser prácticos, vanguardistas y óptimos con la calidad que exige nuestro entorno”; “aunado a la sostenibilidad que queremos imprimir en la mayor parte posible de nuestros proyectos hace que seamos cuidadosos en cada detalle de los mismos”, se lee en su perfil. El proyecto contaba con la autorización de dependencias del Gobierno de la Ciudad de México que avalan el uso de suelo y que determinan que no hay daño al medio ambiente, lo que quiere decir que Sedema dio su visto bueno. La alcaldía expidió la manifestación de construcción Tipo B No. FABJ-0226-24, que fue realizada el 15 de octubre de 2024 y tiene una vigencia hasta el 15 de octubre de 2027, tal como se lee en el documento en una lona en la entrada del predio.En la misma aparece como propietario el banco Ve por Máscomo parte del fideicomiso 1368. El director responsable de la obra es el ingeniero Gerardo José Trinidad Rojas Espinoza. Para los y las vecinas no hay vuelta atrás: se oponen a que se construya un edificio en el número 48 de Miguel Laurent.En junio, un día antes de la reunión en Sedema, recabaron al menos 800 firmas para interponer un amparo que se obtuvo a mediados de junio. Con número 853/2025-IX, el juzgado sexto en materia administrativa en la ciudad determinó la suspensión provisional de la obra el 18 de junio de 2025.“La citada medida suspensional resguarda y protege todas y cada una de las partes que integran el presente árbol denominado ‘Laureano’, incluso las raíces del mismo, razón por la cual queda estrictamente prohibido cualquier tipo de poda, tala o maltrato alguno al citado referido árbol”, dice el amparo.“¿Cómo se va a garantizar que no se dañen sus raíces, si la obra no se suspende de manera definitiva?”, cuestiona Perla, la vecina.La lucha por Laureano ha motivado a las y los vecinos a realizar eventos con música y siembras en las últimas semanas. A unos metros de Laureano, los vecinos sembraron árboles de aguacate y limonero, cerca de donde viven también un ciruelo y dos capulines. “Ahora los vecinos cuidamos los árboles. Se trata de hacer tequio en ambientes urbanos para retomar que la comunidad se haga responsable de estos espacios verdes. Es reverdecer las ciudades”, dice Diana.En ese mismo evento, una vecina, Paula, prestó su plantwave, un dispositivo que traduce los cambios eléctricos en una planta a señales de audio. Permitió escuchar lo que se puede considerar música producida por Laureano, pero para conseguirla, vecinos lo acariciaron o abrazaron. Lo que se escuchaba era su reacción a esos gestos.Días después, el movimiento sembró flores en un jardincito polinizador que plantaron en una jardinera vecina. Pusieron letreros para avisar al resto del vecindario la creación de esa pequeña área verde. El sábado 2 de agosto formaron una alianza con Frente la Vivienda, que lucha contra la gentrificación. Por la mañana, en el Parque Hundido sonaron panderos y flautas y se cantó música. Con mantas que confirmaron que la lucha por Laureano sigue, unas 30 vecinas y vecinos, jóvenes y grandes, cerraron, por una media hora, la diagonal Félix Cuevas e Insurgentes. “Así tiene que ser, porque si no, no atiende el gobierno”, comprueba Perla.Las autoridades de tránsito querían negociar para que cerraran una sola avenida, pero los manifestantes se mantuvieron firmes: lograron una nueva reunión con el gobierno pero, hasta el momento, ninguna solución satisfactoria y definitiva. Perla continúa: “Si no cuidamos lo poquito que tenemos, ¿qué nos quedará después? La gentrificación es tremenda. La falta de áreas verdes repercute en la gente, no tienen cómo distraerse, sentir esa paz. Nadie se da cuenta de eso”.Doce árboles fueron declarados Patrimonio Natural de la Ciudad de MéxicoEl 27 de junio la jefa de Gobierno, Clara Brugada, hizo la declaratoria de 12 árboles como Patrimonio Natural de la Ciudad de México, entre los que destacan el ahuehuete de la parroquia de Santa Catarina Mártir, en la Azcapotzalco, que se estima tiene 700 años y al que llamaron Viejo de Agua, y el laurel de la Benito Juárez.Para los y las vecinas eso no bastó. No había papel que validara la declaratoria. Hasta que se declaró en la ‘Gaceta Oficial de la Ciudad de México’ el 4 de agosto. Sin embargo, para el movimiento esto no significa que Laureano esté a salvo. El mismo día lanzó un comunicado que dice que ni una sola línea del documento impide expresamente la construcción sobre las raíces del árbol ni que se asegure su intangibilidad. Han sido días difíciles, cansados, estresantes. El movimiento no canta victoria porque no hay certeza de que nadie dañará al laurel. Pese a todo, Perla Moreno habla del sueño de las y los vecinos: que el terreno de Miguel Laurent sea adquirido por el gobierno y que ahí se construya un parque. “Se le estaría quitando a una empresa millonaria, que sólo viene, compra, destruye, se hace más rica y se va”, dice. El terreno puede ser un parque, un huerto y un jardín polinizador. Las tres ideas verdes caben ahí y esa esquina se podría convertir en el emblema de miles y miles de árboles caídos. “¿Qué mundo le vamos a dejar a los niños y qué niños le vamos a dejar al mundo? No puedes luchar por todo, pero puedes empezar por lo más cercano a tu casa”, agrega Perla. Celebra cómo ha transformado Laureano a los vecinos: muchos ni siquiera se conocían y ahora son amigos. Decenas han participado en las manifestaciones, pero menos de 20 personas mantienen la defensa constante: “Decidimos cuidarlo, proteger su medio ambiente con cosas tan sencillas como sembrar flores polinizadoras. Cambiamos un poquito esa esquina”.Confía en que este movimiento sea el arranque de una toma de conciencia generalizada del medio ambiente. Analiza: “Muchas veces la gente no tiene el valor o el tiempo. Es más: ya nadie se toma un minuto para ver una catarina en un árbol. Los insectos van desapareciendo. De la población animal, llevamos el 70 por ciento destruida. Nos estamos inundando. Ya todo es cemento. La alcaldía ya no planta árboles”.Laureano, advierte, sigue en riesgo si no se cancela de forma definitiva el proyecto: “Estamos al pendiente porque la empresa no va a perder sus millones por un árbol”. El movimiento no desistirá: “Porque si lo hacemos se va a perder este movimiento esta lucha que quiere que Laureano sea el emblema de todos los árboles caídos”. Paco Ortiz, por su parte, dice que la protección de Laureano es relevante porque el árbol se ha vuelto icónico en la defensa de muchos otros árboles, decenas de miles que han sido talados, depredados por el desarrollo inmobiliario en toda la ciudad. “El caso de Laureano está llamado a algo emblemático en favor de todos esos árboles que están en peligro todavía. No es un movimiento más. Fue el despertar de la furia de tanta gente que ha visto cómo se talan árboles por decenas, centenas o miles, y no pasa nada”. Laureano, exclama, se convirtió en la voz de tantos miles de árboles. Por fin, todo el mundo volteó a verlos.Eugenito fue derribado y otros más de 100 árboles en la colonia AcaciasEl de Laureano no es el único caso. A principios de este mes fue talado Eugenito, un fresno de 25 metros de altura que formaba parte del hábitat de otro fresno, Eugenio, ubicado en el número 28 de la cerrada de Eugenia, en la Del Valle Centro, y que fue declarado el año pasado Patrimonio Natural de la Ciudad de México.Vecinas y vecinos se manifestaron. Pidieron a las autoridades revisar si el procedimiento fue legal. Dijeron que el árbol fue derribado por un proyecto a cargo de la inmobiliaria Grupo Adinse, pese a que sus raíces y las de Eugenio están entrelazadas. En julio pasado, en la calle José María Rico, en la colonia Acacias, fueron talados más de 100 árboles: aguacates, ahuehuetes, eucaliptos, jacarandas, laureles, palmas, duraznos, ciruelos, mimosas, fresnos, palmeras y más. De nuevo, habitantes de la zona denunciaron el ecocidio para construir un supermercado. No olvidar que la Torre Mitikah, en la colonia Xoco, misma alcaldía, también les costó la vida a decenas de árboles. Son algunos ejemplos de casos de destrucción de árboles recientes para priorizar construcciones. Hay decenas más. José Luis Matabuena, abogado y vecino en la Del Valle, ha presenciado la destrucción y no se ha cruzado de brazos. Se ha unido a los movimientos en contra de la depredación de los árboles desde hace años. Con Laureano, no ha sido la excepción.El amparo del juzgado décimo quinto que protege al árbol, indica el abogado, va en contra de diversas autoridades: la jefa de Gobierno, la Sedema, Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial, la delegación de Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente en la ciudad, la Semarnat, Secretaría de Salud, Secretaría de Planeación, Ordenamiento Territorial y Metrópolis y Luis Mendoza, el alcalde de la Benito Juárez. “No hubo medidas de mitigación del entorno: los árboles y sus raíces no se fijan en si crecen o no en propiedad privada o pública. Su espacio es natural. Sedema y la alcaldía tenían que velar por la protección de los árboles y no lo han hecho”, argumenta. Matabuena se oponía al cierre de calles, pero el caso del laurel lo hizo cambiar de opinión: “Laureano fue visibilizado cuando se tomó esa medida. Si haces protestas sin ruido, la autoridad no hace caso. Si cierras la calle, viene la prensa, se difunde, la autoridad pone los focos”. Ocurrió el 2 de junio y el 2 de agosto: bloquearon calles y llegaron representantes de la autoridad, pero las vecinas y vecinos opinan que no basta con enviar a un funcionario. Quieren tener certeza de que nadie tocará a Laureano, que ya es emblemático por la repercusión que tuvo en medios, redes sociales, en la jefa de Gobierno y autoridades. Sensibilizó sobre el medio ambiente. Árboles fueron nombrados patrimonio natural. Enfatiza que la ciudad requiere “cuidar los árboles, no como un discurso: es un tema de supervivencia. Nos protegen del sol, nos dan oxígeno limpio. Debemos cuidarlos por el tema del calentamiento global. ¿Qué pasa con todas las inundaciones? Los árboles con las raíces cuidan el subsuelo”. Dentro de un árbol, sigue, hay un mundo de pájaros, más faunas y flora: “¿Tiene costo un árbol?”Desde la primera manifestación, dice, la autoridad debió clausurar la obra. Ya pasaron cuatro meses y nada: la obra no ha sido suspendida de manera definitiva. Autoridad y empresa guardan silencio. “Lo que mueve es el dinero”, afirma el movimiento.Se buscó Núcleo Urbano a la Sedema para esta historia, pero al cierre de edición no hubo respuesta.Laureano es un emblema del movimiento por los árbolesEstá el caso de Oso 51, en la colonia Actipan, en alcaldía Benito Juárez: más de 70 árboles, entre fresnos, cedros, jacarandas y palmas con más de 100 años de vida estuvieron en riesgo de ser talados para ampliar Galerías Insurgentes y Liverpool hacia el predio de esa calle y número. “Se logró que cambiaran el proyecto. Talaron algunos, pero se logró salvar a otros. La ciudadanía va 20 pasos adelante del gobierno. Gracias a la exigencia para también rescatar a Laureano, Clara Brugada nombró 12 árboles patrimonio natural”, celebra Matabuena.Laureano es emblema del movimiento por los árboles de la Ciudad de México. Las y los vecinos se sorprendieron por la bulla que la defensa generó en redes y prensa. Es un despertar: antes, todavía hace algunos años, era impensable que vecinos se movilizaran por un árbol, por el medio ambiente o la fauna urbana. El futuro es distinto. Perla, Diana, Matabuena, Paco y el resto del movimiento quieren que la gente se multiplique. Que la movilización que surgió en Miguel Lauren y Fresas se replique en toda la ciudad y, por qué no, en todo el país.El movimiento, aseguran, es una piedrita en el zapato de los constructores y la autoridad. La suerte de un árbol ya no la decidirá el dinero. “Con vecinos y redes sociales, gobierno y empresa se cuidan más”, concluye Matabuena. “Nuestra labor es seguir haciendo esto más visible. Que nos escuchen. Queremos hacer un motor de concientización con este movimiento que ya despertó para cambiar la perspectiva de la ciudadanía. Eso hay que aplaudirlo”. GSC/ASG