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Refugiados palestinos esperan un bebé mexicano, tras el asesinato de su hija en Gaza
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Refugiados palestinos esperan un bebé mexicano, tras el asesinato de su hija en Gaza

  • - 2026-01-26

Cuando Mohammed Abed escucha aviones en la Ciudad de México, su cuerpo reacciona antes que su razón. Sus hijos también. Él los abraza, los contiene, les recuerda que ya están a salvo. Se tensan. Miran al cielo.Durante unos segundos, el tiempo se repliega y Gaza regresa como un sobresalto que nunca terminó de irse. Luego el ruido se disuelve. Vuelve la calle, el Metro, la gente. Vuelve México. Y con él, una idea que hace apenas ocho meses parecía imposible: el futuro.Mohammed tiene 36 años. Es ingeniero en sistemas. En Gaza era dueño de una de las empresas de telecomunicaciones más exitosas de la región. Es palestino. Es refugiado. Hoy también es padre en espera. Su esposa, Shoroq, de 31 años —cuyo nombre significa amanecer—, está embarazada de cinco meses. Esperan un bebé en un país que no es el suyo, pero los recibió cuando su hogar quedó reducido a cenizas.La historia familiar de MohammedHace ocho meses —en mayo del 2025—, la familia Abed salió de Gaza con lo puesto y con una herida que no cierra. Merna, su hija de cuatro años, murió tras un ataque con fósforo blanco. Su casa fue bombardeada. Su empresa desapareció. El vecindario entero quedó convertido en polvo.“No hay futuro allá”, dice Mohammed, en un español aprendido a fuerza de sobrevivir.“No hay escuelas. No hay hospitales. Cada día hay bombas”.Salir fue una carrera contra el tiempo. Un autobús tomado en el puerto Karim Abu Salim, en Gaza, hacia Kerem Shalom, en Israel. Siete horas hasta Jordania. Luego Turquía. Y desde Estambul, 14 horas de vuelo hasta México. Llegaron 18 personas: diez adultos —él, su esposa, sus hermanos y parejas— y ocho niñas y niños: sus dos hijos y seis sobrinos.Mientras Kamel Abed —el padre de Mohammed que acaba de fallecer— era un exportador de mármol, logró reunir distintos pasaportes y nacionalidades; entre ellos la mexicana y la egipcia, para salvaguardar la vida de su familia y sacarla de Palestina, un territorio atrapado en un conflicto que se arrastra desde mediados del siglo pasado.Seguir en Gaza era insostenible. No solo por la guerra, sino por la hambruna. Una cebolla podía costar hasta 600 pesos.México, la oportunidad de un nuevo comienzoPero en Egipto no le permitían la entrada a toda la familia —excluían a sus nueras— y México, sí.Para Mohammed, ese buen gesto de México no pesa como una deuda, sino como una posibilidad abierta: la honra de volver a empezar.Hoy viven en una casa-refugio en Tlalpan. No es hogar, pero es una pausa. Un lugar donde nadie bombardea de noche. Donde los niños aún le temen a los perros —porque en Gaza los vieron alimentarse de cuerpos abandonados tras los bombardeos—, pero en el queShoroq puede caminar despacio con la vida creciendo dentro. Donde el duelo convive con algo nuevo: la esperanza.Merna murió por las quemaduras provocadas por fósforo blanco lanzado sobre su vecindario.“Israel ha hecho uso de fósforo blanco, un químico incendiario capaz de causar heridas horribles y dolorosas, en al menos 24 ocasiones en el actual conflicto de Gaza”, denunció en noviembre de 2024 la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que volvió a señalar posibles crímenes de genocidio, de guerra o contra la humanidad.La Unicef ha reportado que 64 mil niñas y niños han sido asesinados o mutilados en Gaza desde que comenzó la ofensiva israelí en el territorio en octubre de 2023:“El mundo no puede, y no debe, permitir que esto siga ocurriendo… Cada niño o niña asesinado es una pérdida irreemplazable. Por todos los que aún viven heridos, traumatizados у atemorizados. Esto debe acabar YA”, sentenció esta organización.Mohammed carga dos celulares. Uno es el de la vida en México. El otro lo llama “el del dolor”. En ese aparato guarda las fotografías de las últimas horas de Merna: una camilla avanzando a toda velocidad hacia quirófano con una mascarilla de oxígeno cubriéndole su rostro, médicos corriendo en un hospital abarrotado y en caos.También conserva los videos de las cámaras de seguridad que registraron el bombardeo a su casa: dos pisos, jardín y piscina reducidos a escombros en segundos.Ahí está también la última imagen de sus hijos cenando en un restaurante. Fue tomada apenas ocho horas antes de que Israel iniciara la ofensiva en Gaza, una semana después del ataque de Hamás.El 7 de octubre de 2023, combatientes de Hamás asesinaron a más de mil 200 personas en asentamientos israelíes y tomaron 254 rehenes. Desde entonces, la ofensiva del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, destruyó o dañó el 92 por ciento de las viviendas en Gaza. El Ministerio de Salud de la Franja ha reportado casi 70 mil asesinatos, incluidos más de 19 mil niñas y niños.En busca de oportunidadesDos hermanas de Mohammed permanecen en Gaza. Otra vive en España. La familia está partida —seis hermanos, cuatro hermanas—, como tantas otras. Las cifras abruman, pero Mohammed no habla en números; habla en nombres: Merna. Shoroq. Morad. Sus hijos. El bebé que viene.“Yo soy Mohammed Abed”, dice.“Yo refugiado en Palestina, en México. Este país es muy bonito para mí”.No pide caridad. Pide oportunidad. Un techo. Un idioma que aprender. Un trabajo digno. Un amanecer que no termine en cenizas.No puede ejercer su profesión. Su título de ingeniero en sistemas, obtenido en la Universidad Islámica de Gaza, no cruza fronteras con facilidad. El idioma también es una frontera invisible. Así que la familia hizo lo que siempre ha hecho para resistir: cocinar.Falafel, hummus, shawarma. Cada plato es memoria. Cada venta es dignidad.“A los mexicanos les gusta la comida palestina”, dice, sonriendo. En el Metro, desconocidos le ayudan a orientarse. En la calle, alguien pregunta de dónde vienen y escucha. “La gente mexicana es muy amable”.Con lo que ganan y con una colecta en redes sociales —a través de la cuenta de Instagram @the_abed_family— sueñan con el siguiente paso: rentar una casa y dejar el refugio. Tener un espacio propio. Empezar de nuevo.Llamar hogar a un lugar donde los aviones no signifiquen muerte. Donde puedan darle la bienvenida a un bebé mexicano que llegará para honrar la vida.En Gaza, la guerra continúa. En Tlalpan, una familia palestina espera con una gran sonrisa la prueba de que la vida puede comenzar otra vez. Esta vez de la mano de un bebé que será mexicano, y eso, en medio de tanta muerte, también es una forma de resistencia.MD


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